Los líderes de los 27 comienzan hoy a debatir en una cena informal el reparto de cargos comunitarios, en medio de especulaciones, rumores y puñaladas
NotMid 17/06/2024
EUROPA
Los meses y semanas previos a la cumbre que cada cinco años se celebra para escoger los top jobs, los altos cargos de la siguiente legislatura, están plagados de quinielas, especulaciones, maniobras para aupar o hundir candidaturas y puro cotilleo. La decisión la toman los líderes de los 27, teniendo en cuenta las elecciones al Parlamento Europeo, y aunque hay una amplia discrecionalidad, pues sólo se requiere tener ciertos equilibrios de género, nacionalidad, tamaño del país y familias políticas, hay tendencias previsibles y reglas no escritas. Como que la Presidencia de la Comisión Europea, el puesto más jugoso, será para el partido más votado por los ciudadanos de todo el continente.
Los jefes de Estado y de Gobierno se reúnen hoy en Bruselas para una primera cena informal en la que abordar la cuestión, pero lo cierto es que ya se ha hecho mucho trabajo, muchísimo. Y aunque las sorpresas son lo habitual, casi la norma, y Ursula von der Leyen es el mejor ejemplo, pues salió de la nada en julio de 2019 para el puesto más codiciado, la sensación en la capital comunitaria es que esta vez el paquete está más o menos formado. Puede reventar, pueden saltar piezas, pero si hace dos meses los rumores se disparaban y las opciones de la alemana para repetir parecían disminuir cada 24 horas, el resultado de las urnas habría arrojado claridad y urgencia.

El paquete más repetido llevaría a Von der Leyena la Comisión. A un socialista, y el favorito es el portugués António Costa, al Consejo Europeo. A una liberal, y la que más suena es la estonia Kaja Kallas, como alta representante para la Política Exterior. Y a una popular también al frente de la Eurocámara, permitiendo a la maltesa Roberta Metsola un segundo mandato de dos años y medio. Habría gente del Sur, del Este, tres mujeres, países grandes y pequeños. Dejaría a Francia con una vicepresidencia importante en la Comisión (además del BCE, que se dirimió en 2019) y quizás a España con otra para Teresa Ribera.
AGENDA CARGADA
Esta era la fórmula que más se barajaba hace dos meses y la que ahora se da casi por hecha en los pasillos comunitarios. La idea es que en la cena informal los 27 se pronuncien en público y después llegará un Consejo Europeo formal, a finales de este mes, también en Bruselas. El calendario está cargadísimo, y los líderes se han visto en Italia para el G-7 (al menos los más importantes) y en Suiza para la conferencia de paz de Ucrania. También se pueden ver en la OTAN en julio, si no hubiera respuestas antes. Y hay elementos adicionales, como la elección del secretario general de la Alianza, que debería ser el neerlandés Mark Rutte, las elecciones anticipadas en Francia, etcétera.

Dicho eso, todo son especulaciones. Y hay movimientos subterráneos que tener en cuenta o puñaladas. Von der Leyen sale muy reforzada y parece intocable, pero se ha ganado muchos enemigos, muchos rivales, entre ellos el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que estaría más que feliz de verla caer y está dispuesto estos días a criticar su gestión, su politización, su dejación de funciones como guardiana de los Tratados o sus posiciones políticas para debilitar sus aspiraciones.

Ella ya no es una desconocida, sino una parte esencial del tablero, y de hecho se están estudiando fórmulas para que quizá no esté en la sala mientras se habla, ya que es la única del Consejo Europeo (al menos en principio) que aspira abiertamente a un top job. Pero allí sí estará Kallas, de campaña discreta desde hace meses. Está el propio Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, que tampoco vería mal un puesto. Está Alexander de Croo, líder saliente de un Gobierno belga en funciones desde el lunes. Y por qué no otros de los que esperan su oportunidad.
MARIO DRAGHI
El italiano lleva meses en las quinielas. Francia ha jugado esa baza para poner nerviosa a Von der Leyen y lograr concesiones y prioridades la próxima legislatura. Tiene 76 años, no es de ningún partido, y está preparando un informe muy esperado que se publicará en las próximas semanas. Le sobra ambición, pero tiene ideas demasiado fuertes que quizá espanten a los líderes, que tienden a preferir para los puestos a gente más controlable, con menos agenda.
ANDREJ PLENKOVI
Primer ministro croata, del Partido Popular Europeo. No es ningún secreto que querría algún puesto. Su perfil internacional no es tan grande, pero sería un mensaje para los Balcanes y para quienes son candidatos a la ampliación. Dentro del PPE es más apreciado que Von der Leyen, a la que reprochan haber descuidado las prioridades de su familia política y sus electores.
KIRIAKOS MITSOTAKIS
Al primer ministro griego le ocurre algo parecido. Ganó por mayoría absoluta el año pasado, está fuerte, y su nombre suena. Será uno de los negociadores del PPE en las cumbres para seleccionar los altos cargos. Quizá le llega demasiado pronto, pero puede ser una de las cartas que se barajen si Von der Leyen cayera, pues no sólo tiene que ser nombrada por Alemania primero y luego por el Consejo Europeo, sino que debe ser ratificada por una Eurocámara hostil y con menos margen que en 2019, cuando ya pasó por sólo ocho votos.
RADOSAW SIKORSKI
El ministro de Exteriores polaco, ex eurodiputado y hombre de confianza de Donald Tusk, está en todas las listas. El país querría el puesto que ahora ocupa Josep Borrell, o, si no, una cartera relacionada con la industria de la defensa en la próxima legislatura. Halcón hacia Rusia, es un problema para varios socios, pero el mejor activo para los vecinos rusos.
ENRICO LETTA
Dentro de las especulaciones, que los italianos dominan como nadie, el nombre de Letta ha surgido por razones obvias. Ex primer ministro, habla idiomas, conoce muy bien Bruselas, dirige un think tank y acaba de publicar un comentado informe sobre competitividad. No es la primera opción en la mesa, porque dejó la primera línea política hace unos años, pero los socialistas andan escasos de figuras.
METTE FREDERIKSEN
La primera ministra danesa es una de las excepciones. Un país que no ha tenido gran peso en la última década en cargos. Es socialista y tiene mucha experiencia en el Consejo Europeo, si hubiera que hacer equilibrios. La socialdemocracia de su país es de las más duras en materia migratoria, lo que provoca recelo entre algunos colegas, pero tiene aliados si el esquema inicial saltara.
PEDRO SÁNCHEZ
Le ocurre algo parecido. Al no haber tantos nombres, Sánchez está en el momento perfecto por edad, veteranía en el Consejo Europeo y familia política, y porque será, junto a Olaf Scholz, uno de los dos negociadores de los suyos para esta materia. Eso, en 2019, le sirvió para colocar a Borrell. Su situación en España es delicada, lo que hace posible una salida de la pesadilla. Los anteriores presidentes del Consejo Europeo surgieron así, saltando desde la silla de primer ministro, incluso estando en funciones, como fue el caso de Charles Michel. El año pasado, cuando convocó elecciones generales y se especulaba sobre su futuro, el timing era pésimo. Ahora en cambio no, al menos a nivel europeo. Las consideraciones nacionales son otro cantar.
Agencias