NotMid 05/10/2023
OPINIÓN
ARCADI ESPADA
Páginas y páginas, y las mías por si no bastara, sobre la entrevista de Évole a Ternera. De acuerdo, un estúpido asesino en serie. Ningún interés añadido a la inmoralidad de no hacerle al asesino las preguntas propias de su oficio. Pero, por lo demás, una entrevista por completo inofensiva. Todo lo contrario de estas que van haciéndole al llamado Villarejo. La última debe de haber sido la de este Jordi Basté en la emisora de La Vanguardia.
El locutor tuvo el acierto añadido de reunir en un careo radiofónico a dos delincuentes. Uno, Artur Mas, el ex presidente de la Generalidad, amnistiado en su día por Mariano Rajoy, y del que hay que lamentar, solamente, que no diera con sus huesos en la cárcel, para escribirlo en prosa de Montecristo. El otro el tal Villarejo, un delincuente dedicado a convencer a sus colegas y al público en general de que era el gran espía llamado a sostener los cimientos de la patria y que ahora no puede soportar que se sepa que solo fue un Torrente con boina. A excepción de su confesada y lógica inutilidad para evitar el Proceso, todo lo que dijo en el careo, fuera sobre las urnas o los carros de combate, era falso de la primera palabra a la última. Pero no puedo dejar de destacar su atorrante y risueña aseveración de que el ministro Zoido fue el que dio la orden a los policías para que cargaran contra las viejecitas el 1 de octubre. ¡Don Zoilo, de Williams & Humbert!
Si los locutores tuvieran alguna relación, incluso superficial, con el periodismo sabrían que una mentira entre comillas compromete al que miente y al que pone las comillas. Aunque en este caso concreto del locutor Basté ni la mentira ni las comillas importan. El tal Villarejo goza del prime time porque es en sí mismo España, el país que ha reducido el concepto de patria al de policía patriótica. Creo que al día siguiente de su careo con Mas seguía en el locutorio de La Vanguardia, ahora encarado al periodista deportivo Pablo, Pablito, Pablete Iglesias, al que aseguraba campanudo que el Madrid era el equipo del gobierno, la vergüenza del país. (Y el Real Madrid, noble y bélico adalid, querellándose, ¡querellándose!, contra Torrente).
Cuándo comprenderán estos ignorantes catalunyenses que una nación de no ficción no se distingue por sus héroes sino por sus gusanos. Y que la importación de gusanos para sus mezcales mediáticos solo revela la misma falla estructural de sus novelistas policiacos, que aún necesitan una lengua impropia para entrar en el banco y decir ¡Manos arriba!