Muchos militares veteranos de Corea del Sur se han manifestado estos días pidiendo la destitución del presidente rapándose el pelo en público. Esta forma de protesta está muy extendida ante cualquier movimiento reivindicativo
NotMid 10/12/2024
ASIA
Entre todas las coloridas protestas en Corea del Sur después de que el país se hundiera en el caos político tras una fugaz ley marcial, la más pintoresca fue la protagonizada por una docena de veteranos del ejército rapándose el pelo frente a la oficina presidencial. Rodeados de una multitud que pedía la destitución del presidente, varios ancianos uniformados se sentaron en taburetes y agacharon la cabeza para que improvisados peluqueros les pasaran la maquinilla por la cabeza.
Los periodistas locales presentes aquel gélido viernes en Seúl no prestaron mucha atención a la performance de los veteranos. Todo lo contrario que los periodistas extranjeros desplazados hasta este país para cubrir el intento de autogolpe de Estado que había tenido lugar en una de las grandes democracias de Asia.
¿Por qué estos señores se rapan el pelo para protestar contra el presidente Yoon Suk Yeol? “Es habitual en Corea. Hace poco cubrí una protesta de empresarios de la industria de la carne de perro que se raparon cuando se prohibió la venta de esta carne. En otra ocasión, estuve en una manifestación en la que cientos de mujeres se afeitaron la cabeza para protestar por el aumento de cámaras espías que los pervertidos estaban colocando en los baños de mujeres”, explicaba un reportero gráfico de la cadena pública Yonhap.
Buscando en la hemeroteca, esta práctica se remonta a tiempos más oscuros en los que Corea del Sur se ahogaba bajo el yugo de varias dictaduras militares. Entonces, los disidentes comenzaron a cortarse el pelo como símbolo de resistencia. El acto en sí, dicen los surcoreanos, tiene sus raíces en la tradición confuciana, aunque muchos de los que ahora protestan maquinilla en mano son cristianos, la religión mayoritaria en este país.
En 2015, decenas de familiares de las 300 personas que murieron en un naufragio el año anterior se afeitaron la cabeza para pedir al Gobierno que realizara una investigación más profunda del suceso. En 2016, alrededor de 900 personas de la región de Seongju hicieron lo mismo como protesta por un sistema antimisiles que iba a instalar allí Estados Unidos después de que Corea del Norte ejecutara su cuarta prueba nuclear. Los manifestantes decían que ese armamento defensivo los ponía en la diana del régimen de Kim Jong-un.
En 2019, el líder de la oposición se afeitó la cabeza frente a sus seguidores como protesta por el nombramiento de un nuevo ministro de Justicia salpicado por casos de corrupción. En 2021, un grupo de estudiantes se manifestó de esa manera por el plan de Japón para liberar en el mar el agua radioactiva almacenada en los tanques de la planta de Fukushima.
En 2022, cuatro agentes repitieron la escena frente a la Agencia Nacional de Policía porque el Ministerio del Interior iba a crear una nueva oficina de supervisión policial considerada una herramienta política para controlar al cuerpo. Poco después, fueron cientos de empresarios los que se cortaron a la vez el pelo para protestar contra la decisión de las autoridades de mantener las restricciones de la pandemia.
Kim, uno de los veteranos del ejército que se peló frente a la oficina presidencial, continúa participando a diario en las concentraciones masivas en Seúl. El rugido de la calle no cesará hasta que el líder del autogolpe fracasado, acorralado por un presunto delito de traición que se está investigando, deje de estar al frente de la cuarta economía asiática.
Agencias