El fin del régimen baazista pone en jaque la estrategia regional de Teherán
NotMid 08/12/2024
MUNDO
La insurgencia rebelde contra el presidente sirio Bashar Asad ha puesto en jaque los intereses de Irán en Siria, columna vertebral de su estrategia regional. Desde hace una década, Teherán ha mantenido presencia militar en Siria como parte de su esfuerzo por sostener al régimen y, de paso, usar el territorio como base logística y de coordinación -apoyo, formación y envío de armas- con las milicias regionales que, bajo su paraguas, forman el llamado Eje de Resistencia.
Si bien el despliegue de Teherán en el país vecino en 2016 fue clave para que Asad recuperara gran parte del país, el reciente asalto insurgente ha demostrado que su apoyo era ya suficiente para mantener al régimen en el poder. La ofensiva relámpago también amenaza con cortar la red de suministros a Líbano a través de Siria, vía usada por Irán para apoyar a la milicia chií Hizbulá, debilitada tras 13 meses de enfrentamientos contra el ejército israelí.
Antes de que se desencadenaran los hechos finales en Damasca ya en la madrugada del domingo, en el plano diplomático, Irán se reunió el sábado con Rusia -aliado en su apoyo a Asad-, y Turquía -que apoya a los insurgentes-, países que acordaron en 2020 una tregua en el noroeste de Siria que se ha mantenido con dificultad hasta la reciente ofensiva. Tras el encuentro celebrado en Doha, Araghchi dio un ligero giro a su discurso, de un firme apoyo a Asad y condena de la ofensiva, a una llamada al “diálogo político” entre el Gobierno sirio “y grupos legítimos de la oposición”.
Teherán ha comenzado a sufrir los estragos del embate contra el régimen sirio. El mismo día que los insurgentes entraron en Alepo, mataron al general Kiomars Pourhashemi, alto asesor militar de las Fuerzas Quds, el brazo de operaciones en el extranjero de la Guardia Revolucionaria iraní. A su vez, Israel intenta socavar la capacidad de la milicia chií libanesa Hizbulá de reconstruir su fuerzas militares -tras 13 meses de enfrentamientos contra Tel Aviv- bombardeando cruces fronterizos en Siria y supuestos depósitos de armas de la organización.
Washington, por su parte, intentó durante cierto tiempo presionar a Bashar Asad para que se desvinculara de Irán y Hizbulá a cambio de levantar las sanciones que pesan sobre el régimen. Según un informe de Reuters, Estados Unidos habría discutido la propuesta con su aliado Emiratos Árabes Unidos. Asad no pudo responder a los ataques israelíes en suelo sirio del último año por la debilidad del país tras más de una década de guerra. Para Israel es fundamental poder frenar el contrabando de armas y suministros de Irán a Hizbulá a través de Siria, pero igual de esencial para Teherán es mantener ese canal.
Desgaste de un año de guerra
Este gran desafío ocurre tras un año de guerra en la Franja de Gaza, en la que se ha producido un gran desgaste de las milicias proiraníes contra Israel en el enclave palestino y Líbano, pero también en Siria e Irak. La propia Guardia Revolucionaria iraní ha sido blanco de ataques continuos por parte de Israel en los últimos años, que se han disparado desde el inicio de la guerra en el enclave palestino.
En abril, un ataque aéreo israelí contra un edificio consular iraní en Damasco mató a siete altos mandos de la Guardia Revolucionaria, tras meses de sufrir pérdidas en su cuerpo de élite en Líbano y Siria. Sus muertes provocaron el primer ataque directo de Irán en suelo israelí, con un bombardeo coreografiado que buscaba no escalar más las tensiones con Tel Aviv, pero también no quedarse expuesto a las críticas internas ante las crecientes agresiones de su principal enemigo. Israel puso a prueba el nervio de Irán con una acción que expuso la falta de seguridad en el país, con el asesinato del ex líder de Hamas, Ismail Haniyeh, durante una visita en Teherán. Desde entonces, ambos se han enzarzado en una espiral de ataques que tiene en vilo a toda la región.
Tras pactar un alto el fuego de 60 días con Hizbulá en el Líbano, ahora el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, busca “concentrarse en la amenaza iraní” y prometió “hacer todo lo que sea necesario” para impedir que Irán “obtenga un arma nuclear“. “Cuando el régimen israelí declara a Irán como objetivo principal del alto el fuego en Líbano, significa que inevitablemente nos enfrentamos a ellos, queramos o no”, declaró una fuente cercana a Teherán al medio Middle East Eye.
El Gobierno israelí tiene desde hace años en el punto de mira el programa nuclear iraní y se le atribuye a la Inteligencia hebrea el asesinato de científicos que participaron en la doctrina atómica de Teherán. En los últimos meses, ha contemplado incluso atacar directamente sus instalaciones nucleares, aunque Washington ha puesto freno a la escalada de Netanyahu. Sin embargo, la presión contra Irán se podría acelerar en enero ante el regreso a la Presidencia de Donald Trump, quien suspendió el acuerdo nuclear con Teherán y prometió más políticas de coacción contra el país persa. “Por supuesto que volverá a aplicar su campaña de máxima presión contra Irán”, declaró Massad Boulos, nuevo asesor de Trump para Oriente Próximo. “Tiene muy claro que no quiere en absoluto que Irán tenga un programa nuclear”, aseguró, aunque el presidente reelecto estaría “dispuesto a llevar a cabo negociaciones serias” con Teherán para lograr este objetivo.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aseguró que la victoria de Trump “no tiene importancia” para ellos, que priorizan “sus relaciones con países islámicos y vecinos”. Sin embargo, en las últimas semanas se ha mostrado más transparente ante la Agencia atómica de la ONU (OIEA), en un intento de establecer lazos diplomáticos con países europeos ante la llegada de Trump. Si bien prometió rebajar el enriquecimiento de uranio, al no obtener una respuesta positiva de Europa, decidió tomar el camino contrario y activar miles de centrifugadoras para avanzar en su programa nuclear. “Puedo decirles con toda franqueza que en Irán se está debatiendo si deberíamos cambiar nuestra doctrina nuclear”, declaró el ministro de Exteriores iraní.
Presión de Trump
La presión de la nueva Administración de Trump podría ahogar aún más la economía iraní, dañada por las sanciones, una alta inflación y una caída récord de la moneda local. A ello se le añaden graves problemas internos tras dos años de protestas multitudinarias antigobierno desatadas por la muerte en custodia policial de Mahsa Amini -detenida por no llevar el velo islámico reglamentario– ante las que el régimen ha respondido con mano dura por temor a que se cuestione su legitimidad.
Y, en medio de toda esta situación, con problemas sin fin, crecen los rumores sobre el estado de salud del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, que cumplió 85 años en abril y lleva más de tres décadas al frente del país. En la historia de la República islámica sólo se ha producido un caso de sucesión de este cargo vitalicio, cuando Jamenei asumió el poder tras la muerte del líder de la revolución, Ruhollah Jomeini. Los expertos apuntan a que el régimen teme ante todo un vacío de poder si fallece, por lo que ya se habría iniciado el proceso para elegir a su sucesor.
El ayatolá es la máxima autoridad religiosa y política del país, dirige las Fuerzas Armadas y tiene la última palabra en el poder judicial y ejecutivo. “La Asamblea está debatiendo la sucesión (de Jamenei) con un órgano específico llamado consejo de liderazgo, encargado del proceso de selección”, explica Aniseh Bassiri, analista de seguridad sobre Irán para la agencia Control Risks. Sin embargo, la elección de la Asamblea no es del todo libre, ya que el propio ayatolá -junto con el cuerpo de la guardia revolucionaria- se encarga de aprobar las candidaturas a miembros de la Asamblea, por lo que, en última instancia, es el líder supremo quien ejerce autoridad sobre la Asamblea y no al revés.
Si bien no hay un claro candidato a suceder a Jamenei, cada vez se habla más de que su segundo hijo, Mojtaba Jamenei, de 54 años, podría asumir el cargo. Clérigo de rango medio, Mojtaba ha pasado gran parte de su carrera fuera del ojo público hasta hace unos meses, cuando empezó a participar en más actos públicos. Se le atribuye una gran cercanía y colaboración en las decisiones de su padre y vínculos con la poderosa Guardia Revolucionaria. “Mojtaba es una opción. Algunos en el régimen quieren que sea el próximo líder supremo, mientras otros piensan que es una mala noticia para la supervivencia del régimen”, explica Alex Vatanka, director de Irán del Middle East Institute. Si el cargo pasa de padre a hijo, estaría contradiciendo uno de los principales motivos por el que Jomeini desmanteló la monarquía hereditaria del sha. El propio Jamenei ha sido crítico con los cargos hereditarios. “La dictadura o el gobierno hereditario no son islámicos”, aseguró en un discurso en 2023.
Mojtaba, además, carece de las credenciales religiosas necesarias para el puesto. No obstante, la falta de formación podría no ser un impedimento para acceder al puesto, ya que en 1989 se reformó la Constitución para que su padre pudiera gobernar. Antes no se permitía que nadie que no fuera ayatolá o marja -una autoridad religiosa de alto nivel de la que carecía Jamenei en aquel entonces- se convirtiera en líder supremo.
Agencias