Las restricciones para combatir la pandemia están golpeando a China y acorralando a Xi Jinping ante el congreso del Partido Comunista
NotMid 05/06/2022
EDITORIAL
No hace demasiado, en Occidente se debatía si regímenes iliberales y dictaduras como China -hacia los que se miraba con envidia peligrosa- estaban gestionando mejor la pandemia de coronavirus que las democracias. Hoy esa errónea percepción está felizmente superada. Y, de hecho, los más de dos años transcurridos desde que empezó a propagarse el covid-19, nos han enseñado que los abusos de poder de gobiernos democráticos como el español -incluidos decretos de alarma inconstitucionales- fueron del todo contraproducentes, comparados con otros modos de enfrentar la mayor crisis sanitaria en varias décadas.
Ya se puede afirmar que el régimen chino se ha caracterizado por un combate de la pandemia increíblemente ineficaz y perverso. Si al principio, todavía con un gran desconocimiento científico, pudo tener algún sentido la estrategia de covid cero, hace ya muchísimos meses que toda la comunidad médica mundial y organizaciones como la OMS alertan de que supone un error dramático en lo sanitario, pero que además está causando estragos sociales y económicos de una magnitud imposible de soportar para el gigante asiático y con duras repercusiones para el sistema global, cada vez más interconectado.
La dictadura comunista, muy sobrepasada por esta gran crisis, se ha demostrado incapaz de sortearla sin recurrir a las mismas políticas draconianas de absoluto control con las que trata en todos los campos de mantener un orden orwelliano cada vez más insostenible. Que ante la aparición de algún pequeño brote en Shangai se haya mantenido en confinamiento estricto a 25 millones de personas más de dos meses, igual que en tantos otros lugares de este país de 1.400 millones de habitantes, es de una irracionalidad extrema. El régimen de Pekín se está viendo muy cuestionado y, además, sufre la humillación de que sus vacunas son menos eficaces que las diseñadas por laboratorios occidentales.
Las restricciones tan brutales están golpeando seriamente la economía china, con fuertes caídas de la producción industrial, el consumo interno o las exportaciones. Se espera que su PIB solo crezca un 2% este año y que se vea superado por el de EEUU, por primera vez desde 1976. El fracaso apunta directamente al todopoderoso presidente chino y lo hace en vísperas del congreso del Partido Comunista en la que el primer ministro Li Keqiang se perfila como contrapeso al omnímodo poder de Xi Jinping y podría dificultar la revalidación de su mandato. Bueno sería para el mundo entero, en todo caso, que Pekín mirara por una vez a Occidente para empezar a afrontar el covid con eficacia.