NotMid 18/01/2024
OPINIÓN
RAÚL DEL POZO
Primero hubo movilizaciones de ciudadanos que se echaron a la calle para denunciar la amnistía como un fraude y una patada a la Constitución y por último han sido los letrados del Congreso y Felipe González los que se han opuesto a una ley que borra los delitos y condona las deudas y las trampas de los que ahora intentan procesar con la operación Cataluña a los que pararon el golpe de Estado. Y a González lo machacan. Y lo dice uno que tuvo el honor de pertenecer al Sindicato del Crimen cuando criticar al felipismo era enfrentarse a los intocables. Ningún líder ha tenido tantos votantes, ni seguidores, ni tanta autoridad y carisma internacional hasta que PedroSánchez liquidó a la vieja guardia.
Los que antes nos perseguían por antifelipistas, fachas y de la misma ralea de Anguita y el PP son de la misma camarilla que ahora acusa a su ex líder de pertenecer al sindicato mafioso. Así son de maniqueos, con su incomprensión para leer la política, los que viven de ella. El creador del socialismo moderno ha declarado que la Constitución está siendo atacada de forma despiadada e irracional y pide a la sociedad que reaccione.
Cree el fundador del partido que la autoamnistía es intolerable y le acusan de dinosaurio, de falso y de traidor, aunque él contesta que da igual estar en la misma posición de la derecha. Defiende la Constitución que ayudó a construir y sabe, como el historiador Arnold Toynbee, que a las guerras de religión las sucedieron las guerras nacionalistas, donde milita y se enreda el sanchismo. Y también conoce aquello de Ortega, que, al referirse a la hemiplejia moral de los sectarios, dijo que ser de izquierda como ser de derecha es una de las infimitas maneras de ser imbécil. Cuando cambia el partido, los oportunistas siguen mamando y no eligen la libertad si las nuevas ideas son falsas. Felipe González cree que si cambia su partido no está obligado a cambiar.
También Feijóo, de la derecha, donde colocan a Felipe, declaró que sería cobarde no luchar contra un atropello que menoscaba el Estado de Derecho, la separación de poderes y la Constitución, y una manera de comprar la investidura. Pero en el partido la lealtad al líder es más débil que el afán de mantener el puesto de trabajo y de mando. Los que insultan y señalan son de la misma calaña que los porteros de la Guerra Civil que ahora insultan desde el anonimato.