Ese discurso tan socialista lo podrían haber pronunciado Mussolini, Castro o Perón
NotMid 04/04/2025
OPINIÓN
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
El espectáculo tragicómico con el que Trump presentó al orbe su aquelarre arancelario tuvo dos vertientes, ética y estética. En la segunda, la pizarra con renglones para los nombres y cifras de los países sancionados, todos menos Rusia, recordaba a aquellos festivales de Eurovisión en que José Luis Uribarri adivinaba los puntos que, según el país, podía recibir España: «Yunaited Kingdom, ten points; Espain, seven points», etc. Luego llegaron las actuaciones de entrevotos, las postales de cada país y la visita de viejas glorias ganadoras del concurso, o sea, laca a raudales, bótox por arrobas y nostalgia de voces que no suenan. Trump incorporó a su reality un coro de agricultores, ganaderos y mecánicos de Detroit que respaldaban a Trump. En pocos meses se verá cómo los aranceles los harán ricos de nuevo. Ya.
Pero el aspecto ético fue más importante. Es la primera vez que un inquilino de la casa Blanca hace un discurso tan socialista, tanto que lo podrían haber pronunciado Mussolini, Castro o Perón. El pobre millonario Trump denunció la estafa al pueblo americano de las «élites globalistas». Perón lo llamó «sinarquía»; Castro, «bloqueo imperialista»; Hitler, «judíos»; y Franco, «conjura juedeomasónica».
¿En qué se basan las dictaduras? En que el pueblo, dicen, es incapaz de comprar y vender libremente. Trump no acepta que el We the People con que los USA entran en la historia sea un acierto. El pueblo es un perpetuo menor de edad que debe ser dirigido por los que realmente saben lo que le conviene. Si será tonto ese pueblo que ha comprado coches japoneses o coreanos, no americanos, por la absurda razón de que son más baratos y funcionan. Y así todo. ¿Son extranjeros los empresarios norteamericanos que deslocalizaron sus fábricas y las llevaron a otro sitio? Antipatriotas avariciosos. No como Trump cuando se llevó el concurso de Miss Universo a Moscú, buscando la paz universal. Y si todos han estafado al pueblo americano es porque le faltaba una mano dura que se hiciera temer. Ahí está.
La alternativa al libre comercio es la «sustitución de importaciones» de Perón, Castro y demás, que vetan la entrada de productos extranjeros baratos para que sólo se compren los del país, protegidos y caros. Al fondo, el eterno despotismo: es el Gobierno y no el mercado el que debe fijar el precio de las cosas. The Pursuit of Happyness?¡Comandante, ordene!