Un producto financiero desconocido ha dejado casi sin liquidez los fondos de pensiones británicos. Las dudas sobre el mercado paralelo y global en el que operan estos derivados hacen saltar las alarmas
NotMid 23/10/2022
Resto de europa
Algo está pasando en una parte menos visible del sistema financiero mundial que está agitando los cimientos de esta cara más visible. Reino Unido ha sufrido, quizá, la sacudida más intensa, con un desplome de la libra que hizo temer a muchos británicos por sus pensiones. Unos días antes tuvo lugar el terremoto bursátil de Credit Suisse, uno de los bancos favoritos de las grandes fortunas europeas, y muchos en aquella sesión negra se acordaron de los problemas recientes de Deutsche Bank… Los tres casos coexisten en un universo paralelo de inversión donde los mecanismos del dinero maniobran en la sombra. Su amenaza empieza ahora a salir a la luz y preocupa que pueda acabar detonando una nueva crisis global. ¿Podría suceder?
Ese universo paralelo no es nuevo. Tampoco es un metaverso. Es un ecosistema muy real en el que fondos de pensiones, aseguradoras y otros intermediarios financieros (OFI) como los hedge funds o las fintech operan con menor control para lograr mejores rendimientos. No son bancos, pero participan de la actividad crediticia y financiera; no son bancos, pero se les conoce popularmente como banca en la sombra o shadow banking.
El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) -que, paradójicamente, es el organismo que monitoriza esa actividad opaca- define el shadow banking como “la intermediación crediticia que comprende entidades o actividades que, en todo o en parte, se desarrollan al margen del sector bancario habitual”. Un informe de Funcas elaborado por Santiago Carbó y Francisco Rodríguez en 2016 apuntaba que la denominación de banca en la sombra se ha acabado usando sin un sentido peyorativo, “en todo caso preventivo”. No en vano, “se trata de un negocio financiero asimilable al bancario, desarrollado por instituciones no bancarias pero con implicaciones sistémicas y poca o insuficiente cobertura regulatoria”. Reino Unido ha sufrido, quizá, la sacudida más intensa, con un desplome de la libra que hizo temer a muchos británicos por sus pensiones. Unos días antes tuvo lugar el terremoto bursátil de Credit Suisse, uno de los bancos favoritos de las grandes fortunas europeas, y muchos en aquella sesión negra se acordaron de los problemas recientes de Deutsche Bank…
Los tres casos coexisten en un universo paralelo de inversión donde los mecanismos del dinero maniobran en la sombra. Su amenaza empieza ahora a salir a la luz y preocupa que pueda acabar detonando una nueva crisis global. ¿Podría suceder? ¿Han sido las Liability Driven Investment -los desconocidos derivados que estuvieron a punto de dejar sin liquidez los fondos de pensiones británicos- una advertencia de que no estamos a salvo de otro shock como el que desataron las hipotecas subprime?
Para el gobernador del Banco de Francia, François Villaroy de Galhau, la situación es delicada. La banca está capitalizada, pero es un misterio qué sucede con el sistema financiero que opera en la sombra. “Necesitamos conocer su liquidez; necesitamos hacer algún tipo de test de estrés”, reclamó a través del Financial Times.
Su origen está en la crisis financiera de 2008: gobiernos y bancos centrales dejaron caer a grandes entidades y rescataron a otras; endurecieron las regulaciones, aumentaron los mecanismos de supervisión, elevaron las exigencias de capital y establecieron medidas que, en teoría, pretendían evitar que la historia se repitiese. Todo eso ocurrió, pero al mismo tiempo, esas mismas autoridades permitieron y facilitaron el desarrollo de otro sistema financiero opaco con productos de inversión complejos en el que entidades no bancarias -y a veces también las bancarias- operan al margen de los cortafuegos oficiales. Es decir, trasladaron el riesgo de una sala a otra.
Se dice que su papel complementario al de la banca tradicional a la hora de conceder financiación es útil y necesario, sin embargo, la relajación regulatoria en la sombra eleva los riesgos para los inversores y para el propio sistema. “Hay todo un mundo que, siendo regulado y legal, no es transparente ni fiable. Se mueve mucho dinero en operaciones que no están controladas”, apunta Víctor Alvargonzález, director de estrategia y socio fundador de la firma de asesoramiento independiente Nextep Finance.

¿Cuánto dinero se mueve? Según el Consejo de Estabilidad Financiera, los activos de la banca en la sombra alcanzaron en 2020 un volumen de 226,6 billones de dólares, un 7,9% más que el año anterior. Suponen casi la mitad del total de activos financieros globales (468,7 billones), pese a que su proporción se redujo del 49,7% al 48,3% por el incremento de los estímulos por Covid de la banca en la luz -entidades tradicionales y bancos centrales-. De acuerdo con el Global Monitoring Report on Non-Bank Financial Intermediation que elabora el FSB, el crecimiento del shadow banking en 2020 estuvo impulsado “principalmente” por los fondos de inversión, las corporaciones de seguros y los fondos de pensiones.
En el informe también se habla de la “medida restringida”, que pone el foco sobre las entidades no bancarias de las que podrían derivarse riesgos sistémicos. En 2020, según el FSB, la medida restringida creció un 7,4%, hasta los 63,2 billones de dólares, y representa el 13,7% del total de los activos financieros globales.
Por países, EEUU es el más expuesto con casi un 30% del volumen de la medida restringida total; le siguen las ocho jurisdicciones de la Eurozona que monitoriza el Consejo (24,5%, en conjunto), China (14,8%), Islas Caimán (11,2%) y Japón (5,5%). En España se ha mantenido tradicionalmente por debajo del 1%, algo que Funcas atribuía ya en 2016 “a la idiosincrasia y raigambre institucional del sistema financiero, con un elevado peso de las entidades bancarias [tradicionales]”.
DERIVADOS COMPLEJOS
Hablar de shadow banking es hablar de operaciones con swaps, criptoactivos, seguros de impago, deuda no colateralizada, contratos privados y, en definitiva, cualquier instrumento complejo y derivado con los que se maniobra en la penumbra. Es complicado definirlos, pero atendiendo a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), los productos derivados son “instrumentos financieros cuyo valor deriva de la evolución de los precios de otro activo, denominado activo subyacente. El activo subyacente puede ser muy variado: una acción, una cesta de acciones, un valor de renta fija, una divisa, materias primas, tipos de interés…”. Todo lo que afecte al subyacente, afecta al derivado y si el subyacente sufre (como ocurrió con los bonos británicos a largo plazo), quien contrató ese derivado (en ese caso, los fondos propietarios de planes de pensiones en Reino Unido) sufre también. Hay muchos tipos de derivados -futuros, opciones, warrants, certificados, CFD…- y la propia CNMV advierte de que “son productos de riesgo elevado”.
Los derivados explican en buena medida lo que está ocurriendo últimamente en una parte de los mercados. La crisis bursátil de Credit Suisse hace unas semanas fue la respuesta de los inversores ante el dudoso comportamiento de sus CDS, un producto de inversión complejo que muchos recordarán porque fueron el comienzo del colapso financiero de Lehman Brothers. En el caso de Credit Suisse, los costes de los swaps de incumplimiento crediticio (CDS) alcanzaron su nivel más alto desde el año 2008 y eso puso en cuestión su solvencia. Los inversores esperan ahora a la presentación del plan estratégico que la entidad hará el próximo 27 de octubre y reclaman, sobre todo, transparencia.
Su situación recuerda a muchos al terremoto en Deutsche Bank, que pese a reafirmar una y otra vez su solidez acabó anunciando en 2017 una ampliación de capital de hasta 8.000 millones para rescatar su filial Postbank.
¿NUEVA CRISIS?
Volviendo a Reino Unido, el plan fiscal de la efímera premier, Liz Truss, terminó desplomando la libra y desató una crisis de deuda soberana a finales de septiembre. Desde entonces, el Banco de Inglaterra ha tenido que intervenir de urgencia hasta en tres ocasiones para comprar bonos del país y frenar la sangría. Lo ha conseguido, pero las alertas ya han saltado en los fondos de pensiones británicos, cuya capacidad de liquidez para cumplir con las obligaciones de pago se vieron en entredicho durante días.
“Los fondos británicos que ofrecen planes de pensiones tienen una estrategia de cobertura para no perder valor y esa estrategia se basa en derivados de tipos de interés. Esto normalmente no es un problema porque son fondos a largo plazo, pero la caída de la libra activó los derivados y de ahí el pánico general. Probablemente los pensionistas británicos no supieran que su fondo tenía una estrategia de cobertura basada en derivados”, explica Francisco Rodríguez, economista senior de Funcas.
Probablemente usted mismo no sepa que el fondo o el plan de pensiones que tiene contratado podría estar operando con derivados. Las entidades que se mueven en la sombra tejen continuamente vínculos con los bancos tradicionales, ya que pueden canalizar parte de su actividad a través de ellos o en relación con ellos. Esos flujos financieros pueden afectar al negocio bancario tradicional, en tanto que pueden llegar a contagiarle sus problemas. Y ese es el miedo en estos momentos. ¿O no?
Santiago Casanova, socio de la consultora Bain & Company y responsable del área de servicios financieros para España y Portugal, rebaja los temores. “La banca en la sombra no será el origen de una crisis sistémica en los próximos años. Hay otros factores como la presión de la subida de tipos de interés en empresas y hogares, la inflación (o incluso el riesgo de estanflación), las consecuencias de la guerra en Ucrania en la crisis energética o nuevos desequilibrios en las cadenas de suministro que sí podrían ser más preocupantes”, señala.
En esta línea, Francisco Rodríguez, de Funcas, apunta que “de producirse una crisis en la banca en la sombra, sería una crisis diferente, más acotada, que se contagiaría por mecanismos distintos a los de 2008 y que probablemente afectaría a otro tipo de individuos. El shadow banking ha crecido mucho al amparo de la banca privada, así que es probable que un hipotético nuevo crash comenzase siendo una crisis de ricos y en los países que permiten y favorecen esas operativas”.
Tampoco Alvargonzález cree que nos encontremos en un escenario como el de 2008. “No estamos ante un producto parecido a las hipotecas supbrimey no estamos en un escenario como el de la última crisis, al menos no de momento y al menos no para todo el mundo. Sí podríamos hablar de un riesgo sistémico para los bancos británicos. Lo que ha pasado en Reino Unido debería servir como señal de aviso para ponernos alerta y entender que lo que ha ocurrido con la libra y los bonos ingleses podría trasladarse a otras divisas y otros activos”, asegura. “Si empieza a haber problemas en activos que se suponen seguros, como los bonos británicos a largo plazo, se puede generar una reacción en cadena que acabe afectando al resto de los activos y también a los derivados, y esa es la parte que da más miedo, porque no sabes exactamente qué hay detrás”, añade.
Sin embargo, para el responsable de Nextep Finance el principal problema ahora no son las finanzas en la sombra, sino el ritmo de aumento de tipos que está llevando la Reserva Federal de EEUU, que es el más alto desde los años 70. “La economía de ese país se lo puede permitir, pero el resto del mundo no puede asumirlo y eso se ve en las divisas. Las caídas en la libra, el euro, el yen o en las divisas de países emergentes son un termómetro de la situación. Pensar que el problema de la libra es sólo de la libra es no estar viendo la jugada. Si ocurriese con el resto de divisas algo similar a lo que ha sucedido con la divisa británica, tal vez sí podríamos estar ante un riesgo sistémico mayor”, advierte. En su opinión, la Fed debería replantearse reducir su ritmo de subidas de tipo o, incluso, tomarse un respiro para calibrar la verdadera penetración de sus últimos movimientos.
Mientras tanto, todo apunta a que las futuras subidas de tipo a nivel global tendrán la llave en el universo de la luz… y en el de las sombras.
María Hernández