No todos los días compruebas que tu país es una sucursal de un cartel del narcotráfico
NotMid 22/11/2024
OPINIÓN
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Cuando Amedo y Domínguez empezaron a hablar sobre los GAL, el PSOE felipista hacía la misma pregunta retórica que Sánchez ayer: ¿quién puede creer a un delincuente que sólo busca aliviar su situación judicial? Y los agradaores de ayer, palmeros hoy, precisaban: “¿A quién creer, a un delincuente o al presidente del Gobierno?”. La respuesta, en ambos casos, es la misma: al delincuente, si confiesa delitos a la sombra del presidente. Aldama se incrimina a sí mismo, Sánchez intenta no ser incriminado. Todo lo que hizo Aldama, como recordaba el lunes en El hombre que siempre estaba allí, sólo era posible a la sombra de Sánchez, y lo mismo Marlaska, Ábalos, Ribera, Koldo, Cerdán, Montero, Calviño y, oh, Dolores Delgado.
Parte de lo confesado por Aldama lo habíamos denunciado ya los medios del bulo, para los que Sánchez, jaleado por sus sicarios, hizo la Ley Begoña. Otra parte es nueva o completa lo ya publicado. Las revelaciones más graves, en mi opinión, son la explicación de la foto de EL MUNDO, que pidió Sánchez para “agradecerle todo lo que estaba haciendo”, y todo era mucho: acompañar en sus correrías comerciales a Begoña o poner en la nómina del régimen narcotraficante y genocida de Caracas al Gobierno de España. En realidad, Aldama retrata a un gobierno dentro del Gobierno, como en los regímenes comunistas o de partido único: hacia fuera, un Ejecutivo abigarrado e ineficiente; hacia dentro, una cleptocracia insaciable. Y Aldama, el gran conseguidor, siempre estaba allí, repartiendo billetes.
Cuando lo del GAL, Míster X, es decir, Felipe González, dijo: “No hay pruebas, ni las habrá”. Las hubo, y el ministro del Interior y su segundo acabaron en la cárcel de Guadalajara, mientras cientos de altos cargos del PSOE, siempre el PSOE, jugaban al corro de la patata, de la manita, rodeando el penal. Unos se fueron a sus celdas y Felipe se largó camino de Guanajuato. El problema de Sánchez es que él, su señora, su partido y su Gobierno han dejado tanto rastro delictivo que no hay que buscar pruebas, que sobran, empezando por la foto, sino de poner fecha a los delitos. Aldama lo ha hecho, y no es para agradecérselo, pero sí para aprovecharlo. No todos los días compruebas que tu país es una sucursal de un cartel del narcotráfico. Y que la vicepresidenta de todos los gobiernos de Sánchez era Delcy Rodríguez.